Paleoparasitología: cuando los parásitos nos cuentan historias del pasado
- Autores
- Beltrame, Maria Ornela
- Año de publicación
- 2025
- Idioma
- español castellano
- Tipo de recurso
- artículo
- Estado
- versión publicada
- Descripción
- La paleoparasitología es una de esas disciplinas que fascinan desde el mismo momento en que unoescucha de qué se trata. ¿Cómo es posible estudiar parásitos de hace cientos o incluso miles de años? ¿Quénos pueden decir sobre la vida, la salud y los movimientos de poblaciones humanas y animales del pasado?¿Cuál fue la relación entre los parásitos y sus hospedadores tiempo atrás? Esta rama de la parasitología,que combina elementos de la arqueología, la antropología, la paleontología y la biología, intenta contestarestas preguntas, rastreando y analizando los parásitos presentes en sitios arqueológicos o paleontológicos,a partir de materiales conservados como coprolitos, sedimentos pélvicos y momias.La paleoparasitología tiene varias décadas de desarrollo, ya que existe como tal desde mediados de los‘70. Sin embargo, el primer hallazgo paleoparasitológico fue el de Sir Marc Armand Ruffer quien publicó en1910, el hallazgo de huevos de Schistosoma haematobium (Bilharz, 1852) en el tejido renal de momiasegipcias de la Dinastía XX, fechado alrededor de 1250 a 1100 A.C. Varias décadas después, cuando losprimeros estudios revelaron huevos de helmintos en coprolitos humanos, esta disciplina fue ganando fuerzalentamente, enfrentando el escepticismo inicial y la falta de metodologías específicas de análisis. Con el tiempo,y gracias a los avances tecnológicos, logró establecerse como un campo interdisciplinario robusto, capaz deaportar información única sobre la salud, la dieta, las prácticas culturales y los movimientos poblacionalesen contextos antiguos. A medida que se afianzaba, también se expandieron los estudios paleoparasitológicoshacia muestras de otros animales, tanto de especies domésticas como silvestres, lo cual abrió nuevas víaspara comprender no sólo la salud de estas poblaciones, sino también las relaciones entre humanos, animalesy su entorno a lo largo del tiempo. Paralelamente, se diversificaron las regiones geográficas en las que seaplicaban estos estudios, incorporando nuevos contextos arqueológicos y ecológicos en distintas partes delmundo, lo que permitió comparar patrones de parasitismo en diversas latitudes y culturas.Una de las claves para el crecimiento de la paleoparasitología en Argentina fue su presencia en diversoscongresos y reuniones científicas en donde esta disciplina era aún desconocida. Este trabajo comenzócon las cautivantes exposiciones de la Dra. Norma Sardella, reconocida parasitóloga con una destacadatrayectoria en el ámbito científico. En este camino nuestra estrategia fue clara: mostrar que los parásitos nosólo “causan enfermedades”, sino que pueden ser indicadores poderosos de las relaciones entre humanos,animales y ambiente. De esta forma fuimos conquistando la atracción de arqueólogos, antropólogos,paleoecólogos, entre otros, que poco a poco se fueron sumando a estos estudios, contribuyendo con lasvaliosas muestras que son la fuente de información de la paleoparasitología. Presentar hallazgos concretos,compartir metodologías accesibles y, sobre todo, demostrar cómo el análisis parasitológico complementaotras líneas de evidencia, fue lo que permitió despertar el interés de investigadores que, hasta ese momento,no consideraban relevante este enfoque. Cierto tipo de muestras como los coprolitos, heces deshidratadas omineralizadas, que en muchos casos eran desechadas de sus excavaciones hasta ese momento, comenzarona verse como una cápsula del tiempo, un fragmento de historia biológica que, bajo el ojo del microscopio,revela un mundo que estuvo allí, latente, esperando ser descubierto.Hoy podemos decir con orgullo que ese esfuerzo dio frutos. En Argentina, existen actualmente variosproyectos en curso que no sólo generan conocimiento, sino que también forman recursos humanosespecializados. Se han desarrollado y continúan desarrollándose tesis de grado y doctorales que abordandiversos temas paleoparasitológicos desde múltiples enfoques. Estos proyectos requieren y promuevenun trabajo interdisciplinario constante, articulando conocimientos y metodologías provenientes de laarqueología, la antropología, la parasitología, la paleopatología, la zooarqueología y otras disciplinasafines. Esta integración ha permitido generar redes de colaboración científica de gran valor, tanto dentrodel país como a nivel internacional. Gracias a esta trayectoria, Argentina se ha consolidado como uno de los referentes en paleoparasitología, aportando no solo investigaciones de calidad, sino también formandonuevos profesionales. En el plano global, la paleoparasitología ha crecido de forma sostenida, con núcleosmuy activos principalmente en Brasil, Estados Unidos, Francia, Irán, Japón y Corea del Sur, entre otros.Las colaboraciones internacionales, el intercambio de muestras, metodologías y experiencias han sidofundamentales para consolidar una comunidad científica diversa, dinámica y en constante expansión. Sinembargo, aún no somos muchos los que nos dedicamos a esta disciplina a nivel mundial, y es necesario quecada vez más investigadores se sumen a explorar este campo tan fascinante como revelador.Estudiar parásitos puede parecer, para algunos, algo poco atractivo o incluso desagradable. Pero lo ciertoes que estos organismos nos ofrecen una ventana privilegiada hacia el pasado. En sus ciclos de vida, ensus patrones de dispersión, en su adaptación a distintos hospedadores y ambientes, los parásitos revelancómo vivieron (y enfermaron) las poblaciones humanas y animales a lo largo de la historia. Y al mismotiempo, nos interpelan sobre el presente: muchos de los parásitos que estudiamos hoy en muestras antiguassiguen circulando, o no, en las poblaciones actuales. Y por qué no pensar que también pueden ayudarnos avislumbrar el futuro, anticipando posibles escenarios ecológicos, sanitarios y evolutivos.La paleoparasitología no sólo mira hacia atrás. También nos ayuda a entender la evolución del parasitismo,los cambios en las dinámicas ecológicas y sanitarias, y las consecuencias de las transformaciones culturalesy ambientales. Es una ciencia del pasado con implicancias muy actuales. Y por eso sigue creciendo, cautivandoa nuevos investigadores, integrándose a redes interdisciplinarias y mostrando que, a veces, los rastros máspequeños pueden contar las historias más grandes.
Fil: Beltrame, Maria Ornela. Universidad Nacional de Mar del Plata. Instituto de Investigaciones En Produccion, Sanidad y Ambiente. - Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas. Centro Cientifico Tecnologico Conicet - Mar del Plata. Instituto de Investigaciones En Produccion, Sanidad y Ambiente.; Argentina - Materia
- PALEOPARASITOLOGIA
- Nivel de accesibilidad
- acceso abierto
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Sin embargo, el primer hallazgo paleoparasitológico fue el de Sir Marc Armand Ruffer quien publicó en1910, el hallazgo de huevos de Schistosoma haematobium (Bilharz, 1852) en el tejido renal de momiasegipcias de la Dinastía XX, fechado alrededor de 1250 a 1100 A.C. Varias décadas después, cuando losprimeros estudios revelaron huevos de helmintos en coprolitos humanos, esta disciplina fue ganando fuerzalentamente, enfrentando el escepticismo inicial y la falta de metodologías específicas de análisis. Con el tiempo,y gracias a los avances tecnológicos, logró establecerse como un campo interdisciplinario robusto, capaz deaportar información única sobre la salud, la dieta, las prácticas culturales y los movimientos poblacionalesen contextos antiguos. A medida que se afianzaba, también se expandieron los estudios paleoparasitológicoshacia muestras de otros animales, tanto de especies domésticas como silvestres, lo cual abrió nuevas víaspara comprender no sólo la salud de estas poblaciones, sino también las relaciones entre humanos, animalesy su entorno a lo largo del tiempo. Paralelamente, se diversificaron las regiones geográficas en las que seaplicaban estos estudios, incorporando nuevos contextos arqueológicos y ecológicos en distintas partes delmundo, lo que permitió comparar patrones de parasitismo en diversas latitudes y culturas.Una de las claves para el crecimiento de la paleoparasitología en Argentina fue su presencia en diversoscongresos y reuniones científicas en donde esta disciplina era aún desconocida. Este trabajo comenzócon las cautivantes exposiciones de la Dra. Norma Sardella, reconocida parasitóloga con una destacadatrayectoria en el ámbito científico. 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Esta integración ha permitido generar redes de colaboración científica de gran valor, tanto dentrodel país como a nivel internacional. Gracias a esta trayectoria, Argentina se ha consolidado como uno de los referentes en paleoparasitología, aportando no solo investigaciones de calidad, sino también formandonuevos profesionales. En el plano global, la paleoparasitología ha crecido de forma sostenida, con núcleosmuy activos principalmente en Brasil, Estados Unidos, Francia, Irán, Japón y Corea del Sur, entre otros.Las colaboraciones internacionales, el intercambio de muestras, metodologías y experiencias han sidofundamentales para consolidar una comunidad científica diversa, dinámica y en constante expansión. 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También nos ayuda a entender la evolución del parasitismo,los cambios en las dinámicas ecológicas y sanitarias, y las consecuencias de las transformaciones culturalesy ambientales. Es una ciencia del pasado con implicancias muy actuales. Y por eso sigue creciendo, cautivandoa nuevos investigadores, integrándose a redes interdisciplinarias y mostrando que, a veces, los rastros máspequeños pueden contar las historias más grandes.Fil: Beltrame, Maria Ornela. Universidad Nacional de Mar del Plata. Instituto de Investigaciones En Produccion, Sanidad y Ambiente. - Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas. Centro Cientifico Tecnologico Conicet - Mar del Plata. Instituto de Investigaciones En Produccion, Sanidad y Ambiente.; ArgentinaAsociación Parasitológica Argentina2025-05-05info:eu-repo/semantics/articleinfo:eu-repo/semantics/publishedVersionhttp://purl.org/coar/resource_type/c_6501info:ar-repo/semantics/articuloapplication/pdfapplication/pdfhttp://hdl.handle.net/11336/290076Beltrame, Maria Ornela; Paleoparasitología: cuando los parásitos nos cuentan historias del pasado; Asociación Parasitológica Argentina; Revista Argentina de Parasitología; 14; 1; 5-5-2025; 4-52313-9862CONICET DigitalCONICETspainfo:eu-repo/semantics/altIdentifier/url/https://www.revargparasitologia.com.ar/ojs/index.php/rap/article/view/80/84info:eu-repo/semantics/openAccesshttps://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/ar/reponame:CONICET Digital (CONICET)instname:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas2026-08-25T14:52:12Zoai:ri.conicet.gov.ar:11336/290076instacron:CONICETInstitucionalhttp://ri.conicet.gov.ar/Organismo científico-tecnológicoNo correspondehttp://ri.conicet.gov.ar/oai/requestdasensio@conicet.gov.ar; lcarlino@conicet.gov.arArgentinaNo correspondeNo correspondeNo correspondeopendoar:34982026-08-25 14:52:12.853CONICET Digital (CONICET) - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicasfalse |
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Sin embargo, el primer hallazgo paleoparasitológico fue el de Sir Marc Armand Ruffer quien publicó en1910, el hallazgo de huevos de Schistosoma haematobium (Bilharz, 1852) en el tejido renal de momiasegipcias de la Dinastía XX, fechado alrededor de 1250 a 1100 A.C. Varias décadas después, cuando losprimeros estudios revelaron huevos de helmintos en coprolitos humanos, esta disciplina fue ganando fuerzalentamente, enfrentando el escepticismo inicial y la falta de metodologías específicas de análisis. Con el tiempo,y gracias a los avances tecnológicos, logró establecerse como un campo interdisciplinario robusto, capaz deaportar información única sobre la salud, la dieta, las prácticas culturales y los movimientos poblacionalesen contextos antiguos. A medida que se afianzaba, también se expandieron los estudios paleoparasitológicoshacia muestras de otros animales, tanto de especies domésticas como silvestres, lo cual abrió nuevas víaspara comprender no sólo la salud de estas poblaciones, sino también las relaciones entre humanos, animalesy su entorno a lo largo del tiempo. Paralelamente, se diversificaron las regiones geográficas en las que seaplicaban estos estudios, incorporando nuevos contextos arqueológicos y ecológicos en distintas partes delmundo, lo que permitió comparar patrones de parasitismo en diversas latitudes y culturas.Una de las claves para el crecimiento de la paleoparasitología en Argentina fue su presencia en diversoscongresos y reuniones científicas en donde esta disciplina era aún desconocida. Este trabajo comenzócon las cautivantes exposiciones de la Dra. Norma Sardella, reconocida parasitóloga con una destacadatrayectoria en el ámbito científico. En este camino nuestra estrategia fue clara: mostrar que los parásitos nosólo “causan enfermedades”, sino que pueden ser indicadores poderosos de las relaciones entre humanos,animales y ambiente. De esta forma fuimos conquistando la atracción de arqueólogos, antropólogos,paleoecólogos, entre otros, que poco a poco se fueron sumando a estos estudios, contribuyendo con lasvaliosas muestras que son la fuente de información de la paleoparasitología. Presentar hallazgos concretos,compartir metodologías accesibles y, sobre todo, demostrar cómo el análisis parasitológico complementaotras líneas de evidencia, fue lo que permitió despertar el interés de investigadores que, hasta ese momento,no consideraban relevante este enfoque. Cierto tipo de muestras como los coprolitos, heces deshidratadas omineralizadas, que en muchos casos eran desechadas de sus excavaciones hasta ese momento, comenzarona verse como una cápsula del tiempo, un fragmento de historia biológica que, bajo el ojo del microscopio,revela un mundo que estuvo allí, latente, esperando ser descubierto.Hoy podemos decir con orgullo que ese esfuerzo dio frutos. En Argentina, existen actualmente variosproyectos en curso que no sólo generan conocimiento, sino que también forman recursos humanosespecializados. Se han desarrollado y continúan desarrollándose tesis de grado y doctorales que abordandiversos temas paleoparasitológicos desde múltiples enfoques. Estos proyectos requieren y promuevenun trabajo interdisciplinario constante, articulando conocimientos y metodologías provenientes de laarqueología, la antropología, la parasitología, la paleopatología, la zooarqueología y otras disciplinasafines. Esta integración ha permitido generar redes de colaboración científica de gran valor, tanto dentrodel país como a nivel internacional. Gracias a esta trayectoria, Argentina se ha consolidado como uno de los referentes en paleoparasitología, aportando no solo investigaciones de calidad, sino también formandonuevos profesionales. En el plano global, la paleoparasitología ha crecido de forma sostenida, con núcleosmuy activos principalmente en Brasil, Estados Unidos, Francia, Irán, Japón y Corea del Sur, entre otros.Las colaboraciones internacionales, el intercambio de muestras, metodologías y experiencias han sidofundamentales para consolidar una comunidad científica diversa, dinámica y en constante expansión. Sinembargo, aún no somos muchos los que nos dedicamos a esta disciplina a nivel mundial, y es necesario quecada vez más investigadores se sumen a explorar este campo tan fascinante como revelador.Estudiar parásitos puede parecer, para algunos, algo poco atractivo o incluso desagradable. Pero lo ciertoes que estos organismos nos ofrecen una ventana privilegiada hacia el pasado. En sus ciclos de vida, ensus patrones de dispersión, en su adaptación a distintos hospedadores y ambientes, los parásitos revelancómo vivieron (y enfermaron) las poblaciones humanas y animales a lo largo de la historia. Y al mismotiempo, nos interpelan sobre el presente: muchos de los parásitos que estudiamos hoy en muestras antiguassiguen circulando, o no, en las poblaciones actuales. Y por qué no pensar que también pueden ayudarnos avislumbrar el futuro, anticipando posibles escenarios ecológicos, sanitarios y evolutivos.La paleoparasitología no sólo mira hacia atrás. También nos ayuda a entender la evolución del parasitismo,los cambios en las dinámicas ecológicas y sanitarias, y las consecuencias de las transformaciones culturalesy ambientales. Es una ciencia del pasado con implicancias muy actuales. Y por eso sigue creciendo, cautivandoa nuevos investigadores, integrándose a redes interdisciplinarias y mostrando que, a veces, los rastros máspequeños pueden contar las historias más grandes. Fil: Beltrame, Maria Ornela. Universidad Nacional de Mar del Plata. Instituto de Investigaciones En Produccion, Sanidad y Ambiente. - Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas. Centro Cientifico Tecnologico Conicet - Mar del Plata. Instituto de Investigaciones En Produccion, Sanidad y Ambiente.; Argentina |
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La paleoparasitología es una de esas disciplinas que fascinan desde el mismo momento en que unoescucha de qué se trata. ¿Cómo es posible estudiar parásitos de hace cientos o incluso miles de años? ¿Quénos pueden decir sobre la vida, la salud y los movimientos de poblaciones humanas y animales del pasado?¿Cuál fue la relación entre los parásitos y sus hospedadores tiempo atrás? Esta rama de la parasitología,que combina elementos de la arqueología, la antropología, la paleontología y la biología, intenta contestarestas preguntas, rastreando y analizando los parásitos presentes en sitios arqueológicos o paleontológicos,a partir de materiales conservados como coprolitos, sedimentos pélvicos y momias.La paleoparasitología tiene varias décadas de desarrollo, ya que existe como tal desde mediados de los‘70. Sin embargo, el primer hallazgo paleoparasitológico fue el de Sir Marc Armand Ruffer quien publicó en1910, el hallazgo de huevos de Schistosoma haematobium (Bilharz, 1852) en el tejido renal de momiasegipcias de la Dinastía XX, fechado alrededor de 1250 a 1100 A.C. Varias décadas después, cuando losprimeros estudios revelaron huevos de helmintos en coprolitos humanos, esta disciplina fue ganando fuerzalentamente, enfrentando el escepticismo inicial y la falta de metodologías específicas de análisis. Con el tiempo,y gracias a los avances tecnológicos, logró establecerse como un campo interdisciplinario robusto, capaz deaportar información única sobre la salud, la dieta, las prácticas culturales y los movimientos poblacionalesen contextos antiguos. A medida que se afianzaba, también se expandieron los estudios paleoparasitológicoshacia muestras de otros animales, tanto de especies domésticas como silvestres, lo cual abrió nuevas víaspara comprender no sólo la salud de estas poblaciones, sino también las relaciones entre humanos, animalesy su entorno a lo largo del tiempo. Paralelamente, se diversificaron las regiones geográficas en las que seaplicaban estos estudios, incorporando nuevos contextos arqueológicos y ecológicos en distintas partes delmundo, lo que permitió comparar patrones de parasitismo en diversas latitudes y culturas.Una de las claves para el crecimiento de la paleoparasitología en Argentina fue su presencia en diversoscongresos y reuniones científicas en donde esta disciplina era aún desconocida. Este trabajo comenzócon las cautivantes exposiciones de la Dra. Norma Sardella, reconocida parasitóloga con una destacadatrayectoria en el ámbito científico. En este camino nuestra estrategia fue clara: mostrar que los parásitos nosólo “causan enfermedades”, sino que pueden ser indicadores poderosos de las relaciones entre humanos,animales y ambiente. De esta forma fuimos conquistando la atracción de arqueólogos, antropólogos,paleoecólogos, entre otros, que poco a poco se fueron sumando a estos estudios, contribuyendo con lasvaliosas muestras que son la fuente de información de la paleoparasitología. Presentar hallazgos concretos,compartir metodologías accesibles y, sobre todo, demostrar cómo el análisis parasitológico complementaotras líneas de evidencia, fue lo que permitió despertar el interés de investigadores que, hasta ese momento,no consideraban relevante este enfoque. Cierto tipo de muestras como los coprolitos, heces deshidratadas omineralizadas, que en muchos casos eran desechadas de sus excavaciones hasta ese momento, comenzarona verse como una cápsula del tiempo, un fragmento de historia biológica que, bajo el ojo del microscopio,revela un mundo que estuvo allí, latente, esperando ser descubierto.Hoy podemos decir con orgullo que ese esfuerzo dio frutos. En Argentina, existen actualmente variosproyectos en curso que no sólo generan conocimiento, sino que también forman recursos humanosespecializados. Se han desarrollado y continúan desarrollándose tesis de grado y doctorales que abordandiversos temas paleoparasitológicos desde múltiples enfoques. Estos proyectos requieren y promuevenun trabajo interdisciplinario constante, articulando conocimientos y metodologías provenientes de laarqueología, la antropología, la parasitología, la paleopatología, la zooarqueología y otras disciplinasafines. 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Sinembargo, aún no somos muchos los que nos dedicamos a esta disciplina a nivel mundial, y es necesario quecada vez más investigadores se sumen a explorar este campo tan fascinante como revelador.Estudiar parásitos puede parecer, para algunos, algo poco atractivo o incluso desagradable. Pero lo ciertoes que estos organismos nos ofrecen una ventana privilegiada hacia el pasado. En sus ciclos de vida, ensus patrones de dispersión, en su adaptación a distintos hospedadores y ambientes, los parásitos revelancómo vivieron (y enfermaron) las poblaciones humanas y animales a lo largo de la historia. Y al mismotiempo, nos interpelan sobre el presente: muchos de los parásitos que estudiamos hoy en muestras antiguassiguen circulando, o no, en las poblaciones actuales. Y por qué no pensar que también pueden ayudarnos avislumbrar el futuro, anticipando posibles escenarios ecológicos, sanitarios y evolutivos.La paleoparasitología no sólo mira hacia atrás. También nos ayuda a entender la evolución del parasitismo,los cambios en las dinámicas ecológicas y sanitarias, y las consecuencias de las transformaciones culturalesy ambientales. Es una ciencia del pasado con implicancias muy actuales. Y por eso sigue creciendo, cautivandoa nuevos investigadores, integrándose a redes interdisciplinarias y mostrando que, a veces, los rastros máspequeños pueden contar las historias más grandes. |
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